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  El juego infantil y sus posibilidades educativas
Carlos Velázquez Callado, Valladolid - ESPAÑA


 

1. INTRODUCCIÓN.

El ser humano practica ciertas actividades a lo largo de su vida, denominadas lúdicas, que le sirven de distracción, relajación, entretenimiento..., de otras actividades consideradas más serias, las laborales.
Sin embargo, cuando nos centramos en la figura infantil y nos fijamos en sus comportamientos y actividades, observamos que el juego no podemos encuadrarlo en las líneas anteriormente descritas ya que para el niño es mucho más, el juego envuelve su vida y forma parte de sus intereses. El juego infantil se convierte así en un medio de aprendizaje espontáneo y de ejercitación de hábitos intelectuales, físicos, sociales y morales.
Estas características hacen del juego una herramienta importante para la consecución de determinados objetivos, de todo tipo y en todas las áreas, de una forma motivante para los alumnos.
Por otra parte, la aparición de juegos de tipo televisivo y de juguetes cada vez más sofisticados donde el niño pierde ese papel activo para convertirse en mero espectador hacen que el maestro deba considerar el juego como un fin en sí mismo.  Hay que plantearse, cada vez más seriamente, el mostrar al niño otras formas de juego distintas de las actuales, donde él se convierta en el protagonista del juego, lo dirija, lo modifique..., en definitiva, el que lo controle.
A lo largo del presente artículo analizaremos el concepto de juego, la importancia del mismo en la vida del niño y sus posibilidades de utilización en el medio escolar.

2. EL CONCEPTO DE JUEGO.

El juego es una actividad espontánea que exige el cumplimiento de una o varias reglas, libremente elegidas, o vencer deliberadamente un obstáculo. Se puede considerar al juego como la actividad más importante de la infancia, hasta el punto de que hay autores que definen al niño como “ser que juega”. A través del juego, el niño desarrolla una serie de hábitos intelectuales, físicos, morales, sociales, etc. que tendrán trascendencia en su vida futura.
Muchos han sido los teóricos que han definido el juego. Sería interminable exponer una relación con todas las definiciones que del juego se han dado; no obstante, de entre todas ellas podemos destacar, a modo de ejemplo, las siguientes:

  • HUIZINGA: “El juego es una acción o una actividad voluntaria realizada en unos ciertos límites fijos de tiempo y lugar, según una regla libremente consentida pero absolutamente imperiosa, provista de un fin en sí misma, acompañada de una sensación de tensión y de júbilo y de la conciencia de ser otro modo que en la vida real.
  • ARNALF RUSSEL: “El juego es una actividad generadora de placer que no se realiza con una finalidad exterior a ella, sino por sí misma.”
  • GUY JACQUIN: “El juego es una actividad espontánea y desinteresada que exige unas reglas que cumplir o un obstáculo deliberadamente puesto para vencer.”
  • CH. BÜHLER: “El juego puede ser definido como la actividad orientada al gozo producido por el perfeccionamiento.”
  • PIAGET: “Acción libre considerada como ficticia y situada al margen de la vida real, capaz de absorber totalmente al individuo que la practica.”
  • La Real Academia Española de la Lengua define al juego como “actividad placentera, realizada por sí misma, sin referencias a un propósito ulterior o satisfacciones futuras.”


Analizando estas definiciones podemos extraer una serie de elementos comunes a todas ellas:

  • 1-. Todas consideran al juego como una actividad voluntaria y placentera que absorbe totalmente al niño.
  • 2.- Además, tiene una finalidad intrínseca, en sí mismo.
  • 3.- Supone para el niño una forma de análisis de sus propias posibilidades, de la realidad que lo rodea, de las relaciones sociales y su dinámica..., sirviéndole de medio para progresar hacia estadios superiores.
  • Existen también infinidad de autores que, desde diferentes enfoques, han tratado de dar respuesta al porqué el niño juega, recurriendo a teorías de todo tipo sin que hasta la fecha se haya dado una respuesta completamentamente satisfactoria a esta pregunta. Desde mi punto de vista abordar el porqué el niño juega es como tratar de responder a por qué el hombre es hombre. El niño juega porque, como niño que es, no puede hacer otra cosa que jugar.


3. EL JUEGO COMO ACTIVIDAD FUNDAMENTAL EN EL NIÑO.

Generalmente el adulto considera el juego como un mero pasatiempo, una forma de distraer al niño de sus estudios. Por eso, su intervención se limita, en la mayoría de los casos, a acabar con el juego puesto que para él no es más que una pérdida de tiempo. Sin embargo, para el niño la actividad lúdica es fundamental ya que a través de ella:
 

  • El niño descubre y hace suyo el entorno que le rodea.
  • Pensemos en juegos como el escondite y sus variantes. El niño descubre progresivamente el espacio y las posibilidades del mismo. Sabe dónde puede ir, por dónde, cuánto tiempo tardará, etc.  Poco a poco el niño interioriza ese entorno de juego, lo hace suyo, y ampliará este conocimiento a otras situaciones de la vida.
  • El niño imita e imagina.
  • ¿Quién no ha jugado a piratas? La historia surgía con el juego. Se improvisaba una situación, alguien sugería una situación: “¿vale que íbamos a enterrar un tesoro?”, el grupo lo aceptaba y matizaba: “¡Vale! Enterremos cada uno algo y busquemos los tesoros”. Al cabo de un rato todos regresábamos de nuestras casas con aquello que íbamos a enterrar. Al día siguiente volvíamos a jugar a piratas, pero ese día no enterrábamos nada, descubríamos una isla, luchábamos, o nuestro barco se hundía. Infinidad de situaciones surgían de una misma propuesta inicial. A través del juego el niño de hoy, como nosotros ayer, imita situaciones, imagina posibilidades y hace que el mundo irreal sea real por un tiempo limitado.
  • El niño se relaciona, acepta las reglas y a los demás.


La mayor parte de los juegos son colectivos. Esto conlleva la necesidad de llegar a acuerdos con los otros. Para empezar hay que acordar a qué se va a jugar, tras algunas deliberaciones el grupo puede decidir que jugará a “Policías y ladrones”; después hay que saber cómo vamos a jugar: el espacio permitido y el no permitido, la posibilidad o no de salvar a los jugadores capturados, etc. Durante el juego surgirán algunas situaciones conflictivas (“¡Te ha tocado!”, “¡Tocar no es atrapar!”) que implicarán una matización de las reglas (por ejemplo, se considera capturado un jugador cuando le han tocado, aunque no le agarren). También, durante el juego pueden surgir personas que traten de saltarse alguna de las reglas en su propio beneficio. El grupo será el encargado de resolver estas y otras situaciones proponiendo soluciones, impartiendo justicia, etc. y esto lo hará por consenso colectivo, ya que de lo contrario el juego puede finalizar. A veces, el niño que no consigue hacer prevalecer su opinión sobre la del grupo amenazará con dejar de jugar, puede que incluso lo haga, pero con el tiempo esta situación tiende a desaparecer, al fin y al cabo ¿qué otra cosa puede hacer? Así, el niño aprende, poco a poco, a aceptar las reglas del juego, las soluciones impuestas por el grupo y a sus propios compañeros de juego. Jugar inicia a los niños en la aceptación de reglas comunes compartidas, favoreciendo así su integración social.

  • El niño desarrolla habilidades y destrezas motrices.


Durante los juegos el niño corre (pensemos en cualquier juego de persecución), salta (¿quién no ha jugado a la comba?), imita gestos (seguir a la madre es un buen ejemplo), lanza y atrapa objetos (imaginemos el juego de “Pies quietos”), desarrolla su sentido rítmico (juegos de palmas), etc. Por otro lado, las situaciones de los juegos se repiten una y otra vez, el niño no se cansa de jugar a lo mismo, con lo que suponen una buena forma de entrenamiento y desarrollo de estas habilidades.

  • El niño se conoce a sí mismo y a los demás.


Algunos juegos implican un análisis de la situación en función de uno mismo y del otro. Pensemos en un juego como “El pañuelo”, imaginemos una situación cualquiera: la madre ha dicho un número y hacia el pañuelo corren dos jugadores, uno de cada equipo. Cada uno de ellos va analizando la situación y decidirá qué hacer cuando llegue al pañuelo sobre todo en función de a quién tiene en frente. Luis sabe que Pedro es mucho más rápido que él así que sus posibilidades de llevarse el pañuelo son muy pocas, puede intentar engañar a Pedro para que éste supere la línea o puede esperar a que Pedro coja el pañuelo para intentar tocarlo en ese preciso instante, después será demasiado tarde. Para hacer todo este razonamiento Luis ha jugado infinidad de veces con Pedro a una gran cantidad de juegos.  Conoce sus posibilidades y sus limitaciones, las acepta durante el juego y se adapta a ellas tratando de sacar de su conocimiento el mayor partido posible. A su vez analiza las de los demás, se compara con ellos. Jugar implica aceptar retos, valorando las posibilidades de éxito y esto significa conocerse a uno mismo y  a los compañeros de juego.

  • El niño se comunica e incrementa su vocabulario.


Durante los juegos el niño verbaliza situaciones, se expresa, se comunica. Además, existe un vocabulario y unas expresiones propias comunes a muchos juegos: “quedársela”, “llevarla” o “ligarla” (la persona que desempeña un rol distinto al de los demás), “perrito guardián” (vigilante próximo a los capturados), “casa” (lugar en el que se está a salvo), etc.

  • El niño desarrolla el pesamiento divergente.


La mayor parte de los juegos se desarrollan en lo que se denomina entornos cambiantes, es decir, situaciones en las cuales se plantean una sucesión de problemas que el sujeto tiene que resolver en función de la información que recibe y de sus posibilidades de éxito. Pensemos en un juego como “El rescate”, imaginemos una situación en la que hay tres personas capturadas y dos vigilantes. Un jugador valora si es el momento adecuado de intentar rescatar a los capturados. En ese momento la situación cambia, uno de los que se la quedan viene hacia él, ahora hay que escapar. La mente del jugador debe analizar el cómo, hacia dónde, etc. Durante el juego irán surgiendo, uno tras otro diferentes problemas, la situación es distinta si en lugar de una te persiguen tres personas, que deben ser resueltos. Las respuestas dependerán de la experiencia previa, del éxito de esas respuestas en situaciones de juego similares. Aún así, el jugador inventa una y otra vez, respuestas nuevas a nuevas situaciones, improvisa y evalúa el éxito o fracaso de sus decisiones.
Desarrolla así la capacidad de tomar decisiones, a veces muy diferentes de las habituales, lo cual es fundamental para una transferencia a otras situaciones de la vida.

4. EL JUEGO EN EL MEDIO ESCOLAR.

Si hemos analizado en el apartado anterior la importancia del juego en la vida del niño, resulta lógico pensar en sus posibilidades educativas. Muchos son los docentes que utilizan el juego como un medio para que su alumnado alcance otros objetivos relacionados con el aprendizaje.
En este sentido se plantea un primer interrogante; si analizamos las definiciones que del juego dan los diferentes autores observamos que el juego infantil se caracteriza, sobre todo, por ser una actividad voluntaria, algunos hablan incluso de espontánea, que no tiene un fin fuera del mero placer de jugar. Ahora bien, ¿podemos hablar de juego cuando un adulto, en este caso el maestro, impone a qué jugar, cuándo jugar y utiliza el juego como un medio para obtener otros objetivos distintos del mero placer de jugar? Dicho de otro modo, ¿es posible hablar de juego cuando la organización, desarrollo y regulación del mismo viene impuesta por un adulto, cuyos objetivos son bien distintos del simple hecho de jugar por jugar?
En principio, un análisis frío de las definiciones de juego nos llevaría a responder que no. No podemos hablar de juego cuando éste no surge de los propios niños y cuando no son éstos los encargados de establecer las normas y de resolver los conflictos que puedan surgir durante su desarrollo. Sin embargo, ¿no es cierto que cuando, al finalizar una clase de Educación Física en la cual se han desarrollado diferentes juegos motores, alguien pregunta a un niño qué es lo que ha hecho, el niño responde he jugado a esto o a aquello? Y si el niño, que en esto de jugar es el mayor experto que existe, dice que ha estado jugando ¿por qué contradecirlo con engorrosas definiciones elaboradas por adultos?
Para tratar de encontrar una solución a este aparente contrasentido es interesante recurrir a la clasificación que Schwartzman establece de los juegos. Él diferencia entre juego estructurado por niños y juego estructurado por adultos. En el primer caso se incluirían todos los juegos cuando son los niños los encargados de su planificación, organización y desarrollo. En el segundo caso este papel le correspondería a uno o varios adultos y los niños se limitarían simplemente a jugar y a disfrutar del juego.
El juego estructurado por niños se identificaría con las definiciones tradicionales de juego y el juego estructurado por adultos nos permitiría denominar juegos a las actividades lúdicas realizadas fuera del contexto infantil en el que habitualmente se desarrollan. En ambos casos hablaríamos de juego ya que, aunque el adulto puede utilizar el juego para obtener fines distintos del mero placer de jugar, por ejemplo el desarrollo de diferentes habilidades motrices, el niño vive la actividad propuesta como placentera y disfruta de ella con independencia del hecho de que el maestro la use con otro fin.
Esta idea enlaza con otra interesante distinción que, aludiendo al juego tradicional, hace Ronald Renson. Renson habla de texto y contexto para diferenciar entre el reglamento de un determinado juego y las circunstancias en las que ese juego se desarrolla.
Según esta idea, en la escuela podríamos introducir el texto, es decir, las reglas de los diferentes juegos.
Podríamos enseñar a nuestros alumnos cómo jugar a éste o aquél juego, incluso juegos que hace tiempo que desaparecieron; sin embargo, en la escuela no podríamos recuperar el contexto en el que dichos juegos se practicaban o se practican. No podríamos reproducir las circunstancias que determinan el que los jugadores se decidan a comenzar éste o aquél juego, ni tampoco los sistemas tradicionales de transmisión de los juegos.
Ahora bien, ¿no es posible que desde la introducción del texto en la escuela se pueda influir en el contexto?, o lo que es lo mismo, ¿es posible que, a partir del trabajo en la escuela, puedan darse las condiciones para que un juego se desarrolle fuera del contexto escolar? Desde mi punto de vista esta circunstancia no es sólo posible sino que además debe ser uno de los objetivos que desde la escuela debemos marcarnos a la hora de recuperar juegos tradicionales. Imaginemos a una profesora que descubre que en un determinado lugar del pueblo se practicaban hace cincuenta años una serie de juegos. En las clases de Educación Física lleva a su alumnado a ese lugar, les presenta los juegos y los pone en práctica. Tenemos el texto. Posteriormente, varios de sus alumnos, en sus ratos de ocio ponen en práctica algunos de los juegos aprendidos y se los cuentan a otros niños. Con el paso del tiempo esos juegos se popularizan y aparecen variantes motivadas de la falta de jugadores o de que hay demasiados, del cambio de un material por otro, etc. Actuando desde el texto en la escuela se ha repercutido en el contexto y se han recuperado algunos juegos tradicionales.
El único problema es que al maestro le resulta imposible determinar y evaluar la influencia de su trabajo en el contexto. Puede valorar si sus alumnos saben o no jugar a alguno de los juegos explicados, puede observar incluso cómo resuelven los problemas cognitivos o motores que las diferentes situaciones de juego plantean, puede incluso saber si algunos de sus alumnos practican los juegos aprendidos fuera de horas de clase, pero no puede determinar si ese juego perdurará o no con el paso del tiempo. En cualquier caso siempre valdrá la pena intentarlo.

5. ACTIVIDADES PARA LA RECUPERACIÓN DE JUEGOS TRADICIONALES.

Desde la escuela se pueden llevar a cabo una serie de actividades orientadas a que el alumnado valore la importancia de los juegos tradicionales como parte de su patrimonio cultural y recupere el texto de algunos de estos juegos.
Algunas de las actividades propuestas son las siguientes:
¿A qué hemos jugado en el recreo?
Se trata de hacer una encuesta donde los niños de la clase expongan a qué han jugado un día cualquiera en el recreo. Puede pedirse a varios alumnos que hagan al encuesta en las diferentes clases y así determinar a qué juegos les gusta jugar a los niños y niñas del colegio. Después se analiza en clase cuántos de los juegos son tradicionales. Esta actividad puede servirnos de introducción para otras.

  • ¿Qué juegos tradicionales conocemos?
  • Se trata de hacer una tormenta de ideas para determinar a cuántos juegos tradicionales, y a cuáles, sabemos jugar los niños y niñas de la clase. El profesor escribe en el encerado los diferentes juegos que se nombren tratando de agruparlos por afinidad: juegos de esconderse, de atrapar y escapar, con un balón, de rayuela, de comba, etc. Otro día, cada niño trae escrito cómo se juega al juego que ha nombrado. Los juegos escritos se leen en clase y, entre todos, se matizan hasta llegar a una redacción definitiva. Se elabora entonces una ficha con la descripción del juego y un dibujo del mismo y las fichas forman parte de un fichero de juegos de clase. A lo largo del curso vamos practicando los juegos recogidos en la clase de Educación Física, en Música o en Lenguaje, dependiendo del tipo de juego.
  • ¿A qué jugaban nuestros padres y abuelos?
  • A partir de un modelo de ficha, facilitado por el profesor, los alumnos preguntan a sus padres y abuelos, sobre los juegos que practicaban ellos cuando eran niños. Los juegos recopilados se ponen en común, se eliminan los repetidos, se matizan las reglas y se redactan. Después podemos establecer una comparación, descubriendo cuáles de aquellos juegos se practican todavía hoy en día. Con los juegos recogidos se hace un cuadernillo que queda en la biblioteca de la clase.
  • Construimos materiales para jugar.
  • A partir del cuadernillo anterior se construyen, en las clases de Educación Artística, diferentes materiales para jugar. Para ello se utilizan, muchas veces, materiales de desecho.
  • Una vez fabricados los materiales, se prueban durante la práctica de los juegos.

6. A MODO DE CONCLUSIÓN.

A lo largo del presente artículo hemos abordado el juego y la importancia que tiene para el niño, hemos reflexionado acerca de si es viable el utilizar el juego en la escuela como medio para obtener otros objetivos educativos y, finalmente, hemos propuesto una serie de sencillas actividades que podemos poner en práctica con nuestro alumnado para recuperar algunos juegos tradicionales infantiles. Me gustaría terminar con una frase de Pablo Neruda que creo resume perfectamente la importancia que el juego tiene en la vida del niño y, por qué no, del adulto: “El niño que no juega no es un niño, pero el adulto que no juega ha perdido para siempre el niño que lleva dentro de sí”.

¿EXTINCIÓN DE LOS JUEGOS POPULARES INFANTILES?

Se plantea la pregunta de si realmente los juegos populares infantiles están en proceso regresivo y, en caso de respuesta afirmativa, cuáles son las causas.
Para responder a esta pregunta, el primer elemento que debemos analizar es la forma de difusión de estos juegos. El proceso estaba prácticamente centrado en la transmisión oral y gestual de estos juegos de generación en generación. En muchos casos el niño aprende las retahílas y cancioncillas asociándolas a gestos que forman también parte del juego. Este mecanismo de fijación va unido a un mecanismo de olvido, que puede ser parcial o total.
Si el olvido es parcial, aparecen en el juego variantes y modificaciones que, con el transcurrir del tiempo, pueden dar lugar a nuevos juegos. A veces lo que sucede es que el juego en sí no se modifica pero sí la retahíla o canción a la que va unido que, en el peor de los casos puede llegar a perderse. Un ejemplo claro lo encontramos en el juego de las cuatro esquinas, donde hoy en día no encontramos fórmula oral alguna vinculada al juego aunque por textos sabemos que ésta existía.
Si, por el contrario, el olvido es total, el juego desaparece. Así, encontramos documentados una serie de juegos que hace ya tiempo que no se practican; por ejemplo el ladrillejo.
Sin embargo, no sólo la forma de difusión y las interferencias en este proceso hacen que un juego desaparezca; existen otros factores. Entre ellos destacamos:

* La desaparición o modificación del entorno en que se practicaban. El niño crea espacios de juego en función de las características del medio en el que se mueve. Habrá una serie de juegos que resultarán impracticables en un entorno determinado; por ejemplo, el juego del gua en un terreno asfaltado, que desaparecerán rápidamente. Otros sufrirán modificaciones para adaptar el juego al nuevo espacio del que se dispone, pudiendo dar lugar a nuevos juegos.
*La desaparición o sustitución del material de juego.Existen una serie de elementos que, hoy en día, resultan poco menos que imposibles de encontrar. Los mecheros han sustituido a las cerillas y resulta utópico hacerse con los cartones de las cajas de éstas, los cromos de volver sólo se encuentran en tiendas de regalos como un tesoro del pasado y a precios realmente abusivos, etc. Esto hace que el juego tienda a desaparecer o, en el mejor de los casos a modificar el material empleado en su práctica; se deja de jugar con cartones y se juega con cromos o, simplemente, se deja de jugar.

*El poco tiempo dedicado por los padres a jugar con sus hijos resultado de la sociedad de consumo en la que vivimos, donde se relaciona, equivocadamente, la posesión de bienes con la calidad de vida, con todo lo que ello implica: obsesión de consumo ----> más trabajo ----> menos tiempo libre
----> menos comunicación con los hijos
----> desaparición de fórmulas de transmisión oral ----> desconocimiento
de los juegos por los hijos ----> proceso
regresivo de los juegos ----> desaparición.

*El poco tiempo libre del que disponen los niños para jugar. Ya, desde pequeños se les educa como futuros trabajadores. En una sociedad competitiva, donde la posesión de bienes es símbolo de calidad de vida, el niño debe prepararse para llegar a ocupar los puestos más altos de la sociedad que le permita acceder a todo lo que quiera poseer. Para ello, son necesarios una serie de conocimientos que la escuela no siempre ofrece (informática, idiomas,...); otras veces se trata de que el niño no quede “descolgado” del grupo en el que está (clases particulares). Además, la sociedad actual ofrece una serie de alternativas organizadas para que el niño ocupe su tiempo libre como más le guste. Los colegios, ayuntamientos y otras entidades, públicas y privadas, ofertan gran cantidad de actividades extraescolares de ocio y tiempo libre: deportes, bailes..., que, en casi ningún caso, contemplan el juego con un finalidad en sí mismo. El niño tiene ya de antemano ocupado el tiempo libre, ¿de dónde va a sacar tiempo para jugar?

*Por último, un elemento importantísimo en el proceso de regresión de los juegos populares son los reclamos publicitarios tendentes a la venta de sofisticados juguetes donde el niño juega un papel pasivo o activo individual; ejemplo de ello lo encontramos en las consolas de videojuegos donde el niño juega un papel activo pero en solitario, con todo lo que ello implica.

Analizando detenidamente las causas señaladas como activadoras del movimiento regresivo en la práctica de los juegos populares infantiles observamos que todas ellas están íntimamente ligadas al tipo de sociedad actual. Podemos suponer que el paso de una sociedad rural a una sociedad urbana, orientada al consumo, produce un cambio en la forma de jugar del niño.
Si bien hasta ahora todo parece indicar que se tiende a la desaparición progresiva de la mayor parte de los juegos tradicionales, planteamos el siguiente interrogante: ¿cómo es posible que, a pesar de tener todo en contra existan juegos, que ya se practicaban hace cientos de años, que conviven actualmente con otros, tan sofisticados y apoyados por la publicidad, como son los actuales?
Posiblemente la necesidad de movimiento del niño, unido a las reglas sencillas de los juegos populares y a la imposibilidad de utilizar determinados juegos y juguetes sofisticados en los recreos de la escuela hacen que algunos juegos, generalmente los más sencillos, permanezcan en la sociedad actual; no obstante, cada vez resulta más difícil observar juegos de persecución (cadeneta, tiente,...) cuando hay un balón disponible, sobre todo entre los alumnos más mayores, que suelen ocupar los espacios más amplios. Sólo entre las niñas y los niños más pequeños, que suelen quedar relegados a los rincones que les dejan los mayores, es posible encontrar juegos del tipo de la comba, la goma, alguna clase de rayuela, etc., y otros del tipo del escondite, o de persecución, donde, a pesar de necesitar un espacio amplio, pueden compartirlo con el de los mayores.
Juegos del estilo de las canicas, las peonzas, los cromos de volver o las tabas (hoy en día de plástico) quedan vinculados a modas. Se practican cuando los comerciantes exponen estos objetos y sólo las modalidades más sencillas de los juegos practicados el siglo pasado. Cuando “se pasa la moda” resulta casi imposible encontrar algunos de estos materiales de juego.
Podemos concluir que el proceso regresivo al que se están viendo sometido los juegos populares infantiles llevará a la desaparición de la mayor parte de éstos si no surgen una serie de actividades orientadas a su conservación y difusión. Estas actividades deben favorecer no sólo el que los niños conozcan los juegos tradicionales sino también el que puedan practicarlos. De nada sirve que el niño conozca el juego del hinque si no tiene un hinque con que jugar y un espacio de juego donde jugar.
Se hace, por tanto, imprescindible la creación de espacios de juego, de zonas sin asfaltar, de espacios libres,... Algo que con sencillas modificaciones en los patios de los colegios se puede conseguir.
Desde la escuela se pueden promover una serie de actividades que nos permitan alcanzar no sólo estos objetivos sino también otros de las distintas áreas curriculares. La escuela se convierte, pues, en un vehículo para la conservación de estos juegos y todo maestro debe ser consciente de ello.
 

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